Crítica de “1.408”

A los seguidores fieles de Stephen King nos resulta difícil hacer una valoración objetiva de sus libros y de sus adaptaciones cinematográficas. Nos importa poco que sea verdad o no que parte de su bibliografía esté realizada por «negros» y nos alegramos de que su hijo haya escrito algo tan terrorífico como ‘El traje del muerto’. Y es que, cuando parecía que estaba tocando fondo, King saca una de sus novelas más perfectas, ‘La historia de Lisey’, mientras que las adaptaciones al cine de su obra cada vez son más cuidadas e interesantes aunque algunas recientes (‘Ride the bullet’) hayan pasado directamente al mercado del DVD. ‘1408’ es un relato de lo que podríamos llamar «la vertiente esquizoide» del maestro de Maine; aquella en la que una especie de «alter ego», el típico escritor con problemas personales, es el protagonista. En esta ocasión se trata de un desmitificador de fenómenos paranormales que se dedica a ir a sitios supuestamente embrujados para hacer ver a los lectores que no hay nada de eso. Pero un día aterrizará en la habitación de un hotel de Nueva York donde descubrirá que el terror y lo sobrenatural pueden hacer su aparición en un entorno urbano y convencional. La virtud de esta excelente adaptación reside en varios factores. El más importante es la postura clásica que adopta el realizador a la hora de aproximarse al material literario, tratando de meternos en la piel de un personaje escéptico y sociópata magníficamente encarnado por John Cusack. A partir de la tensa y esclarecedora secuencia del diálogo entre el gerente del hotel (Samuel L. Jackson) y el escritor, al que trata de convencer de que se marche, nos vamos a adentrar en un recital casi teatral interpretativo y claustrofóbico en el que hay tres protagonistas: el citado escritor, la habitación y una botella de whisky. En ‘1408’ hay sustos y muchos efectos especiales, pero están al servicio de la historia, con un planteamiento en el que se huye de la típica explicación de los sucesos paranormales para centrarse en la idea de que los demonios están dentro de uno mismo y de que hay lugares que sirven de amplificación a dichas paranoias. Si exceptuamos alguna pequeña concesión comercial al final, ‘1408’ es una buena historia de horror concebida desde la admiración y el respeto a uno de los grandes autores de nuestro tiempo.

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