Una Navidad diferente

Parece que todo el mundo está feliz en estas fechas. Parece como si no hubiera problemas.

No sé qué significarán para ti estas fechas, pero para mí, significan simplemente, no tener que trabajar los días: 6, 8 y 25 de Diciembre ni 1 ni 6 de Enero, aunque caigan entre semana.

Por lo demás son días como cualquier otro.

Hace unos años, significaban: regalos, reencuentros, risas, visitas, cantidades inmensas de comida, poder desayunar varios días chocolate con churros sin que tu madre te regañara,… y poco más, ¡ah! Sí, una más, adornar el árbol, cosa que cuando mi hermana mayor lo hacía porque ella era la “única que sabía, yo era muy pequeña” me daba envidia, pero tras hacerlo 2 años seguidos, lo consideraba un coñaz, toda la casa estaba llena de birutitas del árbol y de adornos, además me tocaba barrerlas y luego quitarlo, cosa que no me gustaba, siempre decía, “¿pero con lo bonito que está, para qué quitarlo? Que se quede de adorno” y mi madre  “no se puede quedar de adorno porque eso es típico de la Navidad” pero yo insistía “típico, típico, típico,… y lo que no es típico no se puede hacer, vaya coñazo”

Mi primera Navidad diferente fue cuando tenía 10 años. Todas las noches del 24 de Diciembre cenaba en casa con mis padres, mis abuelos (por parte de madre) mis 2 hermanas y mi hermano. En la última noche del año, éramos los mismos, la diferencia era que mis hermanos se iban todos después de las uvas y al rato venían todos mis tíos y primos (por parte de padre) y la yaya, que no podía faltar, bueno, realmente no venían todos los tíos ni primos por parte de padre, años después descubrí que mi padre tenía otra hermana con un hijo, de los que nunca había oído hablar, mi cuestión era porqué, por qué mi padre nunca me había hablado de esa hermana y de su hijo. Pero esa es otra historia.

El caso es que esa noche venían a tomarse el tradicional chocolate con churros y así, en casa, hasta las tantas de la madrugada. A otro día íbamos todos a comer a casa de los abuelos (por parte de madre)

Pero esa Navidad, falleció mi bisabuela, a cuyo 2º nombre debo, que vivía al lado de casa. Además de su fallecimiento, la ausencia de mi madre y mi hermano mayor se notaba en casa, estaba más fría. Esa nochebuena la pasé en casa de mi yaya donde a las 00:00 puntual como un reloj, apareció mi primo Joni vestido de rojo, con un cojín en la barriga y un saco marrón de esparto lleno de regalos. En mi casa siempre mi madre ponía los regalos en la puerta de la entrada y llamaba al tiembre, mientras corriendo entraba por la puerta trasera y preguntaba “¿habéis oído algo?, ¿qué será?” pues eso, mamá ¿qué será? “ sí has sido tú, que te he oído” pero no, realmente pasaban los 3 Reyes Magos, a los que nunca pude ver personalmente y de los que me “cagaba en ellos” porque nunca me dejaban tiempo para disfrutar de mis regalos, claro toda la Navidad haciendo deberes para el colegio, después el instituto y 2 días antes de volver a empezar las clases, vienen y me traen lo que les llevo pidiendo desde el 5 de Enero del año anterior. Nunca lo ví justo, pero era a lo que estaba acostumbrada así que no me quejaba.

Esa Navidad vino 1 hombre solo y más gordo y lo hizo mucho antes. A otro día comí en casa de mis tíos.

Y a partir de esa Navidad, todas fueron diferentes. Mi padre siempre decía que era porque “mis hermanos eran cada vez más mayores y cada vez traían problemas más gordos” Todo lo que pasaba en casa (malo se entiende) era por eso, lo que es bueno, no sé si porque tengo mala memoria o porque por desgracia, con el paso de los años tiendo a acordarme solo de lo malo, el caso es que bueno, tengo poco, por no decir nada.

Y así hasta la Nochebuena pasada, la pasé en casa, volví unos días antes, todos me recibieron con los brazos abiertos y muy contentos tras no verme durante más de 2 meses (que yo recuerde fueron unos de los días más felices de mi vida). Afortunadamente coincidí con mi hermana que había venido de Francia donde estaba y está trabajando como fisioterapeuta, con la que antes cuando era pequeña y no tan pequeña siempre me peleaba y siempre estábamos enfadadas, hasta sin hablarnos varios días. Ahora lo pienso y ¡vaya estupidez! Pero lo pasado, no tiene remedio, pero si se puede mejorar lo presente y ahora, que nos vemos muy poco, concretamente desde Septiembre, hace ya más de 3 meses, nos llevamos muy bien, hablamos por teléfono y por correo electrónico. Mis hermanos no son mucho de redes sociales y eso, así que es la única vía que tengo de comunicación con ellos.

En Nochevieja cené en la residencia en la que estaba alojada el año pasado y luego me fui con unas compañeras de trabajo y amigas de fiesta por Madrid (no voy a hacer publicidad gratuita de las discotecas)

Y este año no sabía qué hacer, ha sido el 1er año en el que tenía que elegir ¿me voy con papá o con mamá? Si me voy con papá, mamá se enfada y si me voy con mamá, papá se enfada, (aunque sé que él realmente no se hubiera enfadado pero sí que hubiera estado muy triste, digamos que a él no le gusta mostrar sus sentimientos, pero cuando piensa que nadie le ve, se le cae la lagrimilla) Así que he decidido no ir con ninguno. Si quieren que vaya, cenamos todos juntos como buenos amigos, pero han pasado como dicen “del amor al odio” (si es que hubo amor, porque yo no lo tengo muy claro, a pesar de que son mis padres) así que ni amigos. Nunca los he entendido, la verdad, y siempre he dicho que no quería crecer porque veía a mis hermanos que conforme iban creciendo iban teniendo más problemas y luego, veía a mis padres, yo era feliz aunque también un poco inconsciente de lo que pasaba a mi alrededor, ahora a veces, me siento demasiado consciente y aunque estoy a 600 kilómetros y no puedo verlos, sé que están mal, porque está cada uno solo en su casa, pero…¿en qué piensan? Si voy, no me puedo dividir, y aunque me he planteado y me sigo planteando el volver y solucionar las cosas, no creo que pueda hacer nada.

Hoy estoy en Madrid y he apagado el móvil porque no me apetece hablar con nadie. Ayer hice cientos de llamadas para felicitar a amig@s y a familiares, pero hoy no quiero hablar con nadie. Pienso en cómo solucionar estos y algunos problemas más, y aunque “la gente se entiende hablando” mis padres no son incapaces de hablar, no pueden, ni siquiera lo intentan, pero es que cuando lo intentan es peor porque no hablan, no parecen personas, aunque haya delante profesionales, les da igual, no son capaces de hablar dignamente, son como críos pequeños, incapaces de razonar, incapaces de pararse unos momentos a reflexionar y así nunca van a poder solucionar las cosas. Hablo todos los días con ellos y me tiro con mi madre hablando por teléfono más de una hora, encima lo pago yo, aunque eso es lo de menos, pero siempre acaba llorando y no razona, a pesar de que ella dice que soy la única que la escucho, y es normal porque cada vez que voy y paso unos días en su casa, me está amargando y comiendo la cabeza, me explica lo mismo una y otra vez, una y otra vez, y es incapaz de razonar, tiene que ser lo que ella dice y punto.

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