Ejercicio de creatividad literaria III: Él y Yo

Continuando con los ejercicios de creatividad literaria que hice durante el taller “El motor de la creatividad” con Magdalena Tirado de Escuela de Escritores, en Fnac Callao, os cuento otro que la profesora nos propuso:

Elige una persona clave en tu vida y, como hace Natalia Ginzburg, en el ejemplo que os dejo más abajo, narra las diferencias entre los dos a través de pequeños detalles.

Os dejo un trozo como ejemplo del libro Las pequeñas virtudes de Natalia Ginzburg de la Editorial Acantilado.

Él y Yo

Él siempre tiene calor; yo, siempre tengo frío. En verano, cuando hace realmente calor, no hace más que lamentarse del mucho calor que tiene. Se indigna si por las noches ve que me pongo un jersey.

Él sabe hablar bien algunos idiomas; yo no hablo bien ninguno. Él logra hablar, a su modo, incluso los idiomas que no sabe.

Él tiene un gran sentido de la orientación; yo, ninguno. En las ciudades extranjeras, al cabo de un día, él se mueve ligero como una mariposa. Yo me pierdo en mi propia ciudad; tengo que pedir indicaciones para volver a mi propia casa. él odia pedir indicaciones; cuando vamos en coche por ciudades desconocidas, no quiere que pidamos indicaciones y me ordena que mire el plano. Yo no sé mirar planos, me hago un lío con esos circulitos, y él se enfada.

A él le gustan el teatro, la pintura y la música, sobre todo la música. Yo no entiendo nada de música, me importa muy poco la pintura y en el teatro me aburro. Hay una sola cosa en el mundo que me gusta y entiendo: la poesía.

A él le gustan los museos, y yo los visito con esfuerzo, con una desagradable sensación de obligación y fatiga. A él le gustan las bibliotecas, y yo las odio.

Le gustan los viajes, las ciudades extranjeras y desconocidas, los restaurantes. Yo me quedaría siempre en casa, no saldría nunca.

Lo acompaño, no obstante, en muchos viajes. Lo sigo a los museos, a las iglesias, a la ópera. Lo sigo también a los conciertos y me duermo.

Como conoce a directores de orquesta, a cantantes, al terminar el espectáculo le gustar ir a felicitarlos. Lo sigo por los largos pasillos que llevan a los camerinos de los cantantes, lo oigo hablar con personas vestidas de cardenales y de reyes.

No es tímido, y yo soy tímida. Aunque a veces, lo he visto tímido. Con los policías cuando se acercan a nuestro coche armados de bloc y lápiz. Con ellos se vuelve tímido, se siente en falta.

Y también cuando no se siente en falta. Creo que tiene respeto a la autoridad constituida.

Yo temo a la autoridad constituida; él, no. Él le tiene respeto. Es distinto. Yo, si veo a un policía acercarse para ponernos una multa, pienso enseguida que quiere meterme en la cárcel. Él no piensa en la cárcel; pero por respeto, se vuelve tímido y amable.

Durante el proceso Montesi tuvimos una pelea furibunda precisamente por eso, por su respeto a la autoridad constituida.

A él le gustan los tallarines, el cordero lechal, las cerezas y el vino tinto. A mí me gustan la sopa de legumbres, la sopa de pan, la tortilla y las verduras.

Suele decirme que no entiendo nada en cuestiones de comer, y que soy como algunos frailotes robustos que devoran sopas de hierbas a la sombra de sus conventos; él, sin embargo, él es un refinado, de paladar sensible. En el restaurante se informa largamente sobre los vinos; hace que le lleven dos o tres botellas, las observa y reflexiona, acariciándose la barba despacio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s