Experiencia con la exposición “el surrealismo y el sueño” en el Museo Thyssen

Montaje experiencia con la exposición "el surrealismo y el sueño" en el Museo Thyssen
Montaje experiencia con la exposición “el surrealismo y el sueño” en el Museo Thyssen

Visité la exposición “El surrealismo y el sueño” en el Museo Thyssen. Una exposición muy completa con 163 obras y siete video instalaciones. Obras capitales del cine surrealista, como: “Un perro andaluz” de Luis Buñuel, “La estrella de mar” de Man Ray, “Recuerda” de Hitchcock, cuyo decorado fue diseñado por Dalí, “Sueño de amor eterno” de Henry Hathaway, “Sueños que el dinero puede comprar”, en cuya realización participaron Man Ray y Max Ernst.

El surrealismo no es meramente un “movimiento artístico” más, sino una actitud ante la vida. Transmite libertad, esperanza de una vida humana de plenitud, la utopía de una mente dueña de todas sus posibilidades. Tenía ganas de ir desde su apertura el 8 de octubre. Con el Carné Joven de la Comunidad de Madrid nos invitaban a través de su web, así que aproveché. Creía que era solamente una visita guiada, pero una vez terminada ésta, nos llevaron a una sala donde pudimos comprender mejor la exposición a través de una serie de juegos e improvisaciones. Me gustó tanto la experiencia y me pareció una iniciativa tan interesante para acercar la cultura de otro modo a los más jóvenes de una forma divertida, que quiero compartir lo que hicimos. Aunque es algo sólo para miembros del Carné Joven de Madrid, creo que debería expandirse a todo el mundo, e incluso a más museos. Podría realizarse con todas las exposiciones, personalizando los juegos según la temática de la exposición.  Este tipo de talleres los han hecho también sobre Pissarro y el Hiperrealismo.

Por supuesto, os recomiendo la exposición que está hasta el 12 de enero de 2014. En total son 12 talleres de este tipo los que van a hacer, distribuidos en 3 sábados. El sábado que yo estuve, fue el primero.

Realizamos dos juegos. En primer lugar el denominado “cadáver exquisito“, una técnica usada por los surrealistas, consiste en improvisar palabras, entre un grupo de personas. Se pueden escribir o dibujar, nosotros las decíamos, según la palabra del compañero anterior y de este modo, hacíamos una composición en secuencia. Con todas estas palabras, Pepa, actriz que estaba con nosotros, como una de las monitoras del taller, creó dos poemas que fueron los siguientes:

POEMA 1:
Duda, pensamiento, next.
Un pasillo oscuro muy largo.
El olor a lluvia.
Un pájaro de aire a través de la lluvia.
Tiene sentido que un pájaro vuele escapando de la lluvia.
Mucho sol.
Un día muy nublado.
Un nexo de unión entre la oscuridad y la luz.
El césped está mojado por la lluvia.
Ventanas rotas.
El amor que te tengo.
Ahora nada.
Se oyen pasos.
Alguien grita.
Sigo, ¿no?

POEMA 2:
Sombrero con pinchos.
Una estatua con sombrero con pinchos, dos amigos.
Tiene sentido.
Una familia muy grande se reúne con ellos que caminan en un parque.
Hace sol.
Una gran ciudad.
Atardece.
Una pareja.
Es invierno.
Llueve.
Graniza de repente.
Sale el sol.
Hace aire.
El aire hace que la pareja se sienta incómoda y
piense en el sombrero de pinchos que vieron en la banca.
Y van a la estatua y la destruyen.

El otro juego es el denominado “rellenar el hueco”. Consiste en que alguien se tumba sobre el suelo y el resto, tiene que ir rellenando los huecos según las posturas que uno a uno vamos adoptando. Como resultado de todo esto, Anna Indalecio, fotógrafa que estaba trabajando en el taller, montó la imagen que he puesto al comienzo de este post. Coordinando todas las acciones y motivándonos para que poco a poco perdiéramos la timidez, estaba Coral, dramaturga y directora de teatro.
La idea de estos talleres según me contaron surgió un día que estaban hablando Coral y Anna, se les ocurrió hacer el taller de surrealismo relacionado con la fotografía, y a partir de ahí, fueron viendo cómo iban a hacerlo. El objetivo es mostrar cómo una disciplina artística puede verse relacionada con las demás.
"Mujer ante el espejo" de Paul Delvaux. Óleo sobre lienzo.
“Mujer ante el espejo” de Paul Delvaux. Óleo sobre lienzo.

Sobre la exposición en sí  “el surrealismo y el sueño” en el Museo Thyssen, dejando atrás el taller, me gustó  mucho. Os la recomiendo. Me parece una visita obligada porque ser surrealistas y soñar es imprescindible. Parece que es algo que solo pueden permitirse los niños. Como dice Ken Robinson: “un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido“. Hoy en día los adultos parecemos robots, como decía Carl Jung: “nacemos originales y morimos copias“, o como decía Albert Einstein: “el regalo de la fantasía y la esperanza ha significado mucho más para mi que la capacidad de absorber y retener conocimiento“.

Está dividida en 8 espacios donde encontramos:
1. Los que abrieron las vías (de los sueños): antecedentes fundamentales, a modo de introducción.
2. Yo es otro: variaciones y metamorfosis de la identidad.
3. La conversación infinita: el sueño es la superación de Babel. Todas las lenguas hablan entre sí, todos los lenguajes son el mismo.
4. Más allá del bien y del mal: un mundo donde no rigen ni la moral ni la razón.
5. Donde todo es posible: la omnipotencia. Todo es posible en el sueño.
6. El agudo brillo del deseo: la pulsión de eros sin la censuras de la vida consciente.
7. Paisajes de una tierra distinta: un universo alternativo que, sin embargo, forma parte de lo existente.

8. Turbaciones irresistibles: la pesadilla, la zozobra.

En esta exposición “el surrealismo y el sueño” en el Museo Thyssen, vemos grandes obras, entre ellas, algunas como ejemplo:

Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes del despertar (1944) de Salvador Dalí.
Confesiones sin valor (Aveux non avenus) (1929-1930) de Claude Cahun y Marcel Moore.
Ojos cerrados (Yeux clos) (1889) de Odilon Redon.
Este es el color de mis sueños (1925) de Joan Miró.
El geómetra de los sueños (Les Géomètres des rêves) (1935) de Yves Tanguy.
Nocturno (Nocturne) (1925) de René Magritte.
El sueño del gato (Le Rêve du chat) (1926) de Nadja.
Nada de ello sabrán los hombres (Les Hommes n’en sauront rien) (1923) de Max Ernst.
Desnuda dormida (Nue endormie) (1954) de Dorothea Tanning.

Mujer ante el espejo (Femme au miroir) (1936) de Paul Delvaux.

En el surrealismo, el sueño deja de ser considerado como un vacío, un mero agujero de la consciencia, para ser entendido como “el otro polo”, más o menos latente o no completamente explícito, del psiquismo. Lo “real” se amplía en lo “surreal”, cuya manifestación más consistente por su continuidad e intensidad, sería el sueño.

Para los surrealistas, el sueño es lo que podríamos llamar “la otra mitad de la vida“, un plano de experiencia diferente al de la vida consciente, cuyo conocimiento y liberación incide de modo especial en el enrequecimiento y ampliación del psquismo, que constituye su objeto principal.

El surrealismo abrió la vía, muchas vías, hacía la liberación del deseo. Y, desde luego, si pretendió ser un medio de liberación total del espíritu, tomó toda su fuerza, la que aún hoy mantiene, del papel central que confiere a las imágenes deseantes, como una visión de eros. En el fondo, ese es el mensaje secreto del surrealismo, una propuesta de liberación completa del deseo, en una vía que abren la poesía y las artes.

La vinculación de la imagen con el sueño es crucial, porque soñar es una actividad eminentemente plástica, visual: soñamos con los ojos, vemos lo que soñamos. El sueño, la imagen, como componentes centrales de la vida. Ésta no puede quedar reducida, sin más a “la realidad” que nos limita y coarta, a un mundo “mal hecho”. No se puede renunciar a soñar, a ir más allá. Vivir es soñar.

De todo esto, me gustaría destacar y mencionar también, el papel de la mujer en el surrealismo.

Fue en el marco del surrealismo donde las artistas mujeres encontraron por vez primera, en el despliegue del arte de nuestro tiempo, una posición de protagonistas. No desde el primer momento, y no sin contradicciones, eso sí. Comenzaron siendo “compañeras”, tratadas como objetos de deseo: “mujer-musa”, “Melusina, o eterna mujer-niña”, “mujer espectral”… Pero, más allá del horizonte machista del deseo, los varones se fueron encontrando con mujeres de cultura y sensibilidad independientes, que en muchos casos desarrollaron su personalidad creativa en confrontación o distancia con los hombres. El considerable número de obras de artistas mujeres en la exposición es un signo de la relevancia y del carácter propio de sus aportaciones en la representación plástica surrealista del sueño.

Podéis hojear la exposición en la web del museo, directamente en este enlace y tomad nota de que el Director Artístico del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana,  fue quien ganó el premio Tweets Awards en la categoría de #TweetCutural.

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